Los Secretos de la Reencarnación

 


Nuestra vida tiene un pasado y, sin lugar a dudas, un futuro. Esto nos hace pensar en el presente, ya que la reencarnación es un verdadero regalo, maravilloso y trascendental, que Dios nos dio para poder llegar a ser un alma luminosa y gozar con orgullo en el Cielo por el maravilloso trabajo que realizamos en la Tierra. 

Sólo hay que aprovechar esta oportunidad. 

Como dijo el Rey Shelomó: Adam Leamal Yulad, “El hombre nació para esforzarse y trabajar”. No se refiere al trabajo en el campo como agricultor o en la ciudad como abogado, sino al trabajo de reparación de las malas cualidades y pecados. 

 La tarea en general consiste en tres puntos: 
 a) Convivir en armonía con el prójimo. 
 b) Mantener contacto con Dios a través de rezos, plegarias y agradecimientos y, 
 c) Estudiar su Torá y conocer las leyes que nos ordena. 




Este mensaje se encuentra en EL ESCUDO DE DAVID, el gran símbolo del pueblo de Israel. El escudo de David está compuesto de tres partes: 
 1. Un círculo. 
 2. Un triángulo hacia arriba y, 
3. Un triángulo hacia abajo. 

El CÍRCULO hace alusión a una gran hermandad con todos, ya que en un círculo todos estamos a la misma distancia del punto central y en una mesa redonda no hay cabecera. Así debemos sentirnos con todos nuestros familiares, amigos y compañeros, sin sentir soberbia hacia nadie, y tratar a todos por igual. 

El TRIÁNGULO HACÍA ARRIBA hace alusión a todas las plegarias, al rezo y a las mitzvot entre nosotros y Dios, que suben de toda la Tierra apuntando hacia el Cielo, hacia el Trono Celestial del Creador. 

El TRIÁNGULO HACÍA ABAJO simboliza a la Torá, que bajó del Cielo hacia todos y cada uno de nosotros. Cuidando estas tres facetas lograremos la perfección. 

La vida en la Tierra es juzgada por el Creador y cada acción tiene una reacción, y cada buen acto lleva consigo su recompensa celestial. Errores hay que reparar y buenas acciones hay que acumular. Esto debe llevarnos a la meditación personal, algo para lo que nunca tenemos tiempo. 

Quemamos las horas de la vida en diligencias mundanas, placeres y caprichos vanos, y nunca dedicamos tiempo para nosotros mismos es decir, para nuestra alma. 

Quiero darles un consejo y ojalá logren realizarlo, porque nos ayuda a mejorar nuestra vida, realmente avanzar y no quedarnos estancados, (lo cual significa retroceder). Tomar una hoja de papel y dividirla en tres columnas: 

En la primera columna anotar todos los pecados que seguramente hemos cometido y todos los mandamientos que no hemos cumplido con seguridad; en la segunda columna anotar las leyes que a veces cumplimos y aquellas que a veces no cumplimos; y en la tercera columna anotar las leyes que cumplimos a la perfección y los pecados que jamás cometemos. Esto nos permitirá, por primera vez en la vida, visualizar claramente quiénes somos a nivel espiritual. 

Si queremos seguir elevándonos, observemos la primera columna (lo que nunca cumplimos). Elegiremos uno o dos puntos y los pasaremos a la segunda columna, es decir, comenzaremos a hacerlas de vez en cuando. 

Por ejemplo, si uno nunca dice Birkat Hamazón, o una mujer no se viste con recato, procurará a partir de ahora, hacerlo, por ejemplo, los sábados y así esa ley pasará a cumplirse de vez en cuando. 

De la segunda columna (lo que a veces sí hacemos y a veces no) eligiremos una o dos cosas y las pasaremos a la tercera columna, es decir, empezar a hacerlo de forma fija. Por ejemplo, una persona que a veces es shomer Shabat y a veces no, o una pareja que a veces cuidan la pureza familiar y a veces no, lo harán ahora de forma fija. 

Y lo que tenemos en la tercera columna (lo que sí hacemos) sigámoslo cumpliendo cada vez con mayor intensidad y alegría. 

Cuando logremos hacer esto podremos, un año después, sentarnos y escribir un nuevo análisis, con estas tres columnas, con un contenido un poco distinto ya que pasamos un año de avance. Quizá la tercera columna se haga más larga y la primera más corta. 

Así podremos comparar las hojas que vayamos acumulando en la vida y viendo nuestro progreso y nuestra elevación. 

Pero sobre todo veremos cómo realmente aprovechamos nuestra vida para el verdadero propósito para el cual vinimos. 

• No seamos gente del “mañana”, es decir, gente que a cada cosa que quiere hacer dice: “Lo haré mañana”.
• Seamos gente del “hoy”, por si acaso ya no tenemos oportunidad mañana. 
• Tomemos conciencia de las maravillosas fuerzas internas que Dios nos dio y aprovechemos el don espiritual que poseemos. 
• No nos enojemos ni dañemos al prójimo, ya que no vale la pena reparar nuestra vida en un aspecto, estropeándola en otro. 

Seríamos como aquel que recoge las papas del campo arrojándolas al saco que lleva en la espalda, pero como el saco tiene una rasgadura, por ahí caen varias papas al suelo en el camino, por lo que tendrá que regresar y recorrer de nuevo todo el trayecto para recogerlas. 

•No seamos vengativos ni rencorosos. 

Perdonemos a todos, aunque nos resulte difícil. No ganaremos nada cuando Dios los castigue o les decrete regresar una vez más al mundo para reparar lo que hicieron. 

• Ayudemos a todos, sin buscar beneficios. “Haz el bien y no mires a quién.” 

•Expresa el amor y el cariño que sientes por los demás. Di a tus hijos que los quieres mucho; di a tu pareja que la adoras. 
Procura causar placer y regocijo a tus padres por tantos sufrimientos que pasaron al criarte. No esperemos mañana para hacerlo; hazlo hoy, porque quizás… 

• Dediquémonos al desarrollo de nuestra alma, realizando buenas acciones, diciendo tefilot, estudiando Torá y viviendo como Dios nos recomendó en la Torá. 

• Cuando ya hayamos entendido todo esto y lo hagamos, busquemos orientar e iluminar a los demás, para simbolizar con ello la verdadera hermandad. 

Al hacer todo eso, y más, podremos finalizar con éxito nuestro viaje presente y lograr definitivamente no regresar más a esta jungla, sino gozar en el Mundo Venidero de la Presencia Divina, escuchando clases de Torá de todos los tanaítas, discutiendo las halajot con el Rambam y el Shulján Aruj, etc., e ilustrándonos con conceptos cabalísticos dichos directamente de la boca de Rab Shimón Bar Yojai, el Arizal, etc. 

Eso es vida y todo lo demás es un medio para llegar a eso. 

El Secreto de la Reencarnación es una llave para abrir el entendimiento.
No hay que temer a la muerte. 
Hay que temer a la vida. 
No hay que temer morir. 
Hay que temer no vivir correctamente. 
Que sea voluntad ante el Creador que todos entendamos la misión en nuestra vida y que logremos aprovechar todas las maravillosas herramientas que poseemos cumpliendo nuestro objetivo en este mundo. 

No nos olvidemos que el hombre es como el arca de Noé, todos los animales están en él, por lo tanto debemos hacer dos cosas: 
a)Dominarlos 
b)Utilizar el potencial y la fuerza de cada uno para lograr cumplir nuestra misión

 _El Secreto de la Reencarnación. Rav Amram Anidjar_

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